"La sociedad no está preparada": la historia de una transgénero en Chilpancingo

 Chilpancingo, Guerrero.- María Alejandra Guzmán es una estudiante de la preparatoria número 9 de la Universidad Autónoma de Guerrero (UAGro) y acaba de cerrar su cuarto semestre de clases. Hace dos semanas compitió para convertirse en la Novia del Estudiante de su escuela, pero no quedó en ninguno de los tres lugares que premian. Desde un principio notó la complejidad, aun cuando tenía muchos seguidores y su regularización académica, requisito principal de la competencia, nunca fue problema, aunque así se lo quisieron hacer ver. Alejandra es una joven transgénero.

Ella por ahora vive en Chilpancingo, lugar donde está su preparatoria, pero nació hace 19 años en San Luis Acatlán, una cabecera municipal de la Costa Chica, y le pusieron el nombre de Manuel Alejandro.

El certamen en su escuela no es el primero en el que participa. Se ha llevado la corona en el Best face y en el Global Guerrero, en el Global México quedó como tercera finalista y recientemente la coronaron como señorita Teloloapan. Todos estos concursos fueron en la categoría gay. El de su preparatoria lo consideraba especial, por primera vez competía con otras ocho adolescentes nacidas mujeres.

“No necesito ganar, sólo necesitaba estar ahí, que vieran que una chica con mi condición puede lograr muchas cosas”, dice casi parafraseando a una concursante transexual de origen español que participó en la última edición del certamen Miss Universo. El comentario lo hizo el 10 de junio pasado, un día antes del festejo por el Día de Estudiante (que originalmente se celebra el 23 de mayo) para los estudiantes de la preparatoria 9, donde revelaron los resultados y coronaron a las ganadoras del certamen Novia del Estudiante, Señorita Simpatía y Señorita Fotogenia.

Yo puedo ser ella, ella puede ser yo

Cuando cursaba el primer año en la preparatoria 1, también de la UAGro, un plantel pegado a su actual preparatoria, en el centro de la ciudad, intentó ingresar al concurso Novia del Estudiante y Rey feo, pero le negaron la posibilidad con una frase: “la sociedad no está preparada”.

Este año en su nueva escuela también los organizadores del concurso, en el que están involucrados maestros, le sacaron frases similares para evitar que se registrara, pero esta vez no esperaría a confirmar que los demás estuvieran listos. “Yo estoy lista para este proceso”, se dijo. La joven reflexiona que exigir su espacio en el concurso no es la primera lucha que ha dado y quizá sólo sea alguna de las que dé.

El 27 de mayo, día que salió la convocatoria de concurso de su preparatoria, así le fue cuando pidió registrarse, de acuerdo con la narración que hizo de ese momento.

“Mira Ale, la gente no está preparada, no se va a ver bien. Deja y checamos y sacamos una convocatoria para ti, para tu comunidad”, le dijo la profesora organizadora.

“Yo no quiero otra convocatoria, yo me siento niña, yo quiero participar con las niñas, yo quiero saber qué se siente. No pido ganar”, respondió Alejandra.

El director aseguró que lo someterían a votación con los órganos estudiantiles.

Alejandra tuvo varias trabas, como la falta de materias aprobadas. Cosa que luego ella negó.

El comité resolvió que en el concurso no había cabida para una estudiante transgénero.

“Me salí a llorar, a sacar todo lo que traía dentro”, recuerda. No le aprobaron su participación.

Existen varias desigualdades que detectó Alejandra alrededor del concurso. Por ejemplo, se enteró que algunos varones que participaron para Rey feo tenían hasta cinco materias reprobadas y compitieron sin problemas, y eso no sólo la puso en desventaja a ella como mujer transgénero, sino a todas las mujeres participantes.

Fue hasta el jueves 6 de junio por la tarde que la aceptaron en el concurso, es decir, casi a punto de cerrar el periodo de promoción para pedir el voto a sus compañeros. Alejandra apenas tuvo tiempo para diseñar su vestido.

Tampoco la invitaron a la sesión de fotos como a las otras candidatas, ni subieron su imagen a las redes sociales de la preparatoria, vía por la que hicieron la presentación de las candidatas, hasta el viernes, aun cuando la de sus compañeras llevaban días ahí. “Es como si me hubieran dejado por lástima”, reprocha.

Pero los usuarios de Facebook se cargaron en preferencias y likes hacia su foto con todo y que el sábado 8 volvieron a descolgar su imagen de la red social.

El 11 de junio, se dieron a conocer los resultados, que por cierto, no le favorecieron, extraño cuando su porra durante el concurso fue la más nutrida, pero ya lo había dicho antes, ella no necesitaba ganar, sólo necesitaba estar ahí.

Antes de Alejandra

Manuel Alejandro desde muy pequeño vivió con quien llama su madre adoptiva, en Acapulco. Su madre adoptiva tuvo una relación de pareja con su madre biológica, se conocieron en la Costa Chica, allá convivieron, y de ahí nació la relación parental.

Al terminar el primer año de la secundaria, a los 13 años, volvió con su madre biológica a San Luis Acatlán, pero sólo aguantó estar a su lado un año, porque no aceptaba lo que ya era evidente. Comenzaba a convertirse en María Alejandra. “Yo empezaba a ponerme los aretitos”, recuerda.

Los maltratos de la gente del pueblo en su contra por sus preferencias sexuales se sumaban a los de su madre.

Al término de la secundaria, las circunstancias lo llevaron a Cruz Grande en los meses siguientes, donde se instaló y comenzó su transición a Alejandra, desde una independencia económica.

A los 15 años llegó a Chilpancingo porque conoció a la única pareja sentimental que ha tenido y la trajo a vivir  acá, a la casa de su familia. Duraron más de tres años juntos, pero se separaron porque vivió maltratos. 

La relación con su madre no la ha recuperado, porque aunque viven en la misma casa, la que les prestó su abuela, casi no se hablan. Ahora, después del concurso para Novia del Estudiante ya le pidió que la desalojara. Pero aun con todo, dice: “Yo amo a mis dos madres por igual, porque una me dio a luz y la otra me dio amor, cariño, educación”.

Hace un año todavía llegó a la preparatoria 9 con el pelo corto y una resistencia para que sus compañeros se enteraran de los certámenes de belleza gay ya ganados.

Fue hasta hace unos meses que dejó crecer su pelo, viste con más libertad su ropa de mujer y habla con mayor convencimiento de su talento para modelar: “No ven, aunque no es por engrandecerme, este talento que tengo”.

En el futuro se ve como una mujer transexual modelándole a marcas importantes y como una profesionista destaca. En resumen, haciendo “grandes cosas”.

Por ahora se mantiene sola, con la venta de dulces en la escuela; coordina un grupo de chavos que han recolectado víveres y donaciones para ayuda a afectados en caso contingencias o recursos para reforestar zonas incendiadas, el cual pretende convertir en una asociación; estudia, y logró participar en el certamen de mujeres adolescentes.

Crédito: Margena de la O / La Silla Rota